María Blanchard, el pájaro en su jaula

retrato maria blancjhard

                                                                                         Retrato de María Blanchard

Si hay una mujer artista a la que la historiografía española ha tratado mal, esa es, sin duda María Blanchard. Muy bien considerada en Francia, lugar a donde se marchó desde España, para no volver.

María Gutierrez Blanchard nació en Santander el 6 de marzo de 1881. Su padre, Enrique Gutiérrez Cueto fue el fundador del diario El Atlántico, un diario liberal que dirigió durante 10 años. Su abuelo Castor fue el fundador de La abeja montañesa, un diario local de linea conservadora, pero sin planteamientos políticos.

foto María Blanchard

 

Este ambiente familiar, culta y de clase acomodada, es el que María conoció en sus primeros años de vida. El golpe provocado por una  caída que su madre, Concepción Blanchard, sufrió mientras estaba embarazada de María, le produjo una doble desviación de la columna, algo que le condicionaría toda su vida. No obstante, sus padres la animarían siempre a formarse, viajar y vivir de forma independiente.

En 1903 aterriza en Madrid para estudiar en el estudio de Emilio Sala, quién la influyó en sus primeras pinturas. Un año después, en 1904, fallece su padre, por lo que la familia se traslada a Madrid con ella. En 1906 cambia al estudio de Fernando Álvarez de Sotomayor. Ese mismo año participa en la exposición anual de la Real Academia de las Bellas Artes. En 1908 vuelve a participar, ganando la tercera medalla de pintura por su obra Los Primeros Pasos,obra que se encuentra perdida.Vuelve a cambiar de maestro, pasando al estudio de Manuel Benedito. La Diputación y el Ayuntamiento de Santander le otorgan una beca para viajar y estudiar en París.

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                                                                                         Desnudos, María Blanchard

En 1909 viaja hacia París, donde comienza a estudiar en la Academia Vitti, donde le orientan a trabajar el color y la expresión. Allí conoce a Angelina Beloff, artista mexicana de origen ruso, con quien viajará hasta Londres y Bélgica, donde conocerán al artista Diego Rivera. A la vuelta, los tres comparten vivienda en París. Cambia de academia y empieza a estudiar con María Vassiliev, quién será la que introduzca en el cubismo. Vuelve a presentarse en la exposición de Real Academia de Bellas Artes, resultando ganadora con la obra Las ninfas encadenando a Sileno.

reb_blanchard_ninfas encadenando a Sileno, 1910

Una vez de vuelta de su primer viaje se instala en Granada. Pero, quiere volver a París, por lo que solicita una segunda beca que le es concedida. Regresa para compartir vivienda de  nuevo con Angelina y Diego Rivera. Contacta con la vanguardia cubista, sobre todo con Juan Gris y Jacques Lipchitz., retomando sus clases en la Academia Vitti pero esta vez bajo la docencia de Kees Van Dongen. Allí aprendería cómo descomponer el color sobre el lienzo y  descubriría el arte primitivo . Sabemos que, ese mismo año de 1911, ella decía: “en una imagen, el arte empieza donde la naturaleza y la razón terminan”. Allí se quitó el apellido y pasó a ser conocida como María Blanchard.

El jardín de las damas curiosas. Mª Blanchard

En El jardín de las damas curiosas (1911), retrató a dos mujeres en conversación tranquila, paseando junto al estanque de un jardín frondoso. El fondo lo desarrolló de una forma abocetada que nos recuerda los telones teatrales o los de los estudios de fotografía.

mujer con vestido rojo, maria blanchard 1912-1914

Mujer con vestido rojo (1912-1914) supone una evolución de  su pintura. Aplica el óleo de forma plana y opaca, perfilando con fuerza el rostro, los cabellos y los adornos. Grandes cejas arqueadas, ojos almendrados sin pestañas ni párpados y un óvalo facial estrecho crean una máscara similar a las africanas que pudo ver en los museos. El color negro define formas, acentúa sombreados y se superpone al rojo intenso del vestido.

maria blanchard

                                                                                                  María Blanchard

En el retrato que hizo de su madre, llamado La maestra (1912-1914),  la artista repite un paisaje estereotipado y una máscara, ahora en el perfil de Concepción Blanchard.

retrato de Maria Blanchard por Vega Tora Holmström 1921

                                                               Retrato de María Blanchard, por Vega Tora Holmström, 1921

Al inicio de 1914, María había agotado las prórrogas de sus becas, pero estaba integrada en un grupo de vanguardia. Junto a Rivera, Gris y Lipchitz, entró en una intensa actividad creativa alentada por la vida cultural en un París prebélico pero en ebullición. Precisamente con Rivera, Beloff, Lipchitz y algunos otros acudió, el verano de ese año, a pintar en Mallorca. En aquella época estaba iniciándose en el cubismo, en el que Rivera ya se había sumergido de lleno.

mujer con abanico, maria blanchard 1915

Al estallar la I Guerra Mundial, se traslada a Madrid junto a otros artistas: compartió estudio con el mexicano y ambos frecuentaron la tertulia del Pombo. Fue para ella una buena época, porque, alejada de las penurias que padecía París, recuperó el ambiente familiar. En 1915, en el Salón de Arte Moderno, Gómez de la Serna organizó la exposición “Los pintores íntegros”, donde presentó su obra junto a la de Rivera, Luis Bagaría o Agustín “el Choco”. Fue una muestra variada y no radical, pero dado en el ambiente conservador madrileño, la crítica se ensañó con el cubismo.  Como se habían terminado sus becas, se hizo profesora de dibujo y obtuvo plaza en las Escuelas Normales de Magisterio en Salamanca. Pero allí no fue bien acogida por lo alumnos. Se sintió humillada y renunció y regresó a París, donde comenzó su relación con el galerista Léonce Rosenberg.

mujer con guitarra maria blanchard 1917

En Juguetes(1920) mostró su interés por los objetos y por la infancia condensando tendencias varias: el realismo, el tratamiento formal plástico y volumétrico y el gusto por lo popular. Sus figuras, inexpresiva son más prototipos que retratos y se repiten, recolocadas en distintas situaciones, narrando pequeños pasajes de historias no contadas. En 1920, figuró María Blanchard entre los artistas franceses en la Exposición de Arte Francés de Vanguardia en las Galerías Dalmau de Barcelona.

mariablanchardlosjuguetes

En el Salón de los Independientes de 1921 expuso tres pinturas  y dos dibujos. Allí expuso La comulgante (1914-1920),   Su éxito fue grande y André Salmon halló en la obra las huellas de José de Ribera y de Chagall. Se trata de una niña estática con traje y velo blancos ante un reclinatorio y con un altar al fondo, con  ángeles arriba. La cortina y el reclinatorio introducen de nuevo los colores rojo y negro. Por su rotundidad e ingravidez, parece una estampa o un icono. El periodo cubista de María Blanchard culminó con una muestra individual en L´Effort Moderne en 1919, poco antes de que Rosenberg rompiera su relación comercial con ella. Esta decisión le supuso a María más un alivio que una pena, ya que no se consideraba admirada por Resenberg.

la comulgante, María Blanchard

 

Entre 1921 y 1927 comienza un segundo periodo figurativo en su pintura. André Lhote fue entonces su principal valedor y su economía se recuperó gracias al mecenazgo del grupo belga Ceux de Demain y, en los últimos años, del doctor Girardin y del galerista Berger. Se integró en el entorno de Lhote y Jacques Rivière, un círculo de una derecha moderada, ilustrada y católica.

 

A pesar de su distanciamientos con Juan Gris desde hacía unos años, su muerte le provoca un gran dolor, que se transforma en un abatimiento general y un grave estado depresivo. Busca consuelo en la religión apoyándose en el consejo del padre Alterman, al que conocía a través de amigos comunes. Es una etapa de misticismo, de entrega religiosa, que le mueve a pensar en entrar a un convento, algo de lo que es disuadida por el propio padre Alterman. A pesar de sus crisis religiosas personales, María sigue pintando incansablemente. Pero, este  periodo figurativo propició que pudiera desarrollar un lenguaje pictórico propio: no se basaba en  la idealización clasicista ni del surrealismo.  En cuanto al tratamiento de la luz,  rechazaba la idea de una luz producida por un foco y un rayo que ilumina en una dirección, no buscando efectos realistas.

reb_blanchard_doshermanas 1921

 

Las dos hermanas (1921) es una de sus mejores obras; muestra a dos mujeres jóvenes de rostro nostálgico, de pie en una habitación vacía y ante una mesa con labores de costura. Se abrazan. Tienen una clara influencia cubista. Seguramente sus influencias le vinieran también de sus largos paseos en el interior del Louvre. Diego Rivera vuelve a México. Gerardo Diego la conoce en París.

 

Se presenta de nuevo en el Salón de los Independientes de París en 1922 con dos nuevas obras La femme au chaudron y La femme au panier, obteniendo igualmente un gran éxito de crítica.

 

Su primo, el escultor Germán Cueto , se instala por iniciativa de la pintora en París junto a su esposa, la tapicera Dolores Velázquez y sus sus dos hijas pequeñas. Esta familia será un alivio para su soledad y María volcará en las pequeñas Ana y Mireya, a las que retrata en varias obras, todo su amor maternal. Expone de nuevo en la Galería Centauro de Bruselas, realizando un magnífico estudio de su obra el crítico Waldemar Georges. María trabaja incansablemente, pese a encontrarse ya enferma, y en un gran estado de abandono físico.

 

También su hermana Carmen se traslada con su esposo Juan de Dios Egea, diplomático y con sus tres hijos pequeños a París en 1929, lo que constituye una pesada carga para María. Además, sus hermanas Ana y Aurelia pasan largas temporadas con ella. Esta sobrecarga familiar, aunque rodea de amor a la artista, le supone además un gran esfuerzo económico, que mella su ánimo y su salud. Agobiada económicamente, siente sobre sí el peso de la enfermedad y la sobrecarga familiar.  “…Tengo cuatro bocas que alimentar, yo enferma, son cinco, ¿Quieres más?…” A pesar de su estado de salud, viaja a Bruselas y posteriormente a Londres. Expone en la galería Vavin de París la pintura San Tarcisio, de profundo y auténtico sentido religioso.

 

El 26 de mayo de 1930, Paul Claudel, hermano de la escultora Camille Claudel, visita su estudio, quedando impactado por ese cuadro al que dedicará en 1931 una poesía. Es seleccionada para participar en la muestra de arte francés que recorre varias ciudades de Brasil y  es seleccionada para la exposición de Pintores Montañeses que se celebra en el Ateneo de la ciudad de Santander. María se siente agotada física y psíquicamente.

 

El 5 de Abril de 1932 fallece en París. A su entierro van muchos amigos y decenas de mendigos y vagabundos a los que había ayudado. Tras su muerte, la crítica francesa le reconocería su preciada obra. En la necrológica publicada en L’Intransigeant puede leerse: “La artista española, ha muerto anoche, después de una dolorosa enfermedad. El sitio que ocupaba en el arte contemporáneo era preponderante. Su arte, poderoso, hecho de misticismo y de un amor apasionado por la profesión, quedará como uno de los auténticos artistas y más significativos de nuestra época. Su vida de reclusa y enferma, había por otro lado contribuido a desarrollar y a agudizar singularmente una de las más bellas inteligencias de ese tiempo”

 

Isabelle Rivière, amiga y primera biógrafa de María Blanchard, la describió como un pájaro salvaje encerrado en una triple jaula: su “cuerpo torturado”, su “corazón ávido” y “el mundo hostil”, es decir, su discapacidad física, su necesidad de arte y de aceptación y las dificultades de la vida. Sin embargo, algunas de las frases que le han sido atribuidas han dado cuenta de su gran humildad y la falta de autoestima “Cambiaría toda mi obra por un poco de belleza”. El  poeta García Lorca realizó una elegía a su muerte “…Querida María Blanchard: dos puntos… dos puntos, un mundo, la almohada oscurísima donde descansa tu cabeza… La lucha del ángel y el demonio estaba expresada de manera matemática en tu cuerpo. (…) Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenías la mata de pelo más hermosa que ha habido en España.””

Bibliografía:

  • Condesa de Campo Alange (María Laffitte) , María Blanchard, Madrid, Hauser y Menet, 1944.
  • Carmen Bernárdez Sanchís, María Blanchard, Fundación Maphre, 2009
  • Xon de Ros, Primitivismo y Modernismo, El legado de María Blanchard, Lang Peter, 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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